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Costa atlántica

Entre La Rochelle y el sur de Royan le esperan 350 kilómetros de costa. Largas playas de arena fina junto a aromáticos bosques de pino alternan con pequeños canales protegidos por acantilados blancos.

A esto se suma una luminosidad excepcional durante todo el año: la fachada atlántica de la región Poitou-Charentes es toda entera un paraíso para los aficionados a los baños de mar y para los apasionados de los deportes náuticos.

Fortificaciones litorales, bastiones del mar

A todo lo largo del litoral, en La Rochelle, sobre la isla de Ré, de Oléron o de Aix, en Fouras, Brouage y en el estuario de la Charente, antiguas fortalezas marítimas dan testimonio de siglos agitados durante los cuales las costas de Charente debieron protegerse de los ataques provenientes del mar.

Actualmente algunas de ellas están abiertas a los visitantes, otras pueden admirarse de muy cerca y permiten de esta manera observar un panorama completo de la evolución de las defensas costeras desde el siglo XIV.

Fort Boyard, monumento célebre gracias al juego televisado y cuya construcción fue emprendida bajo Napoleón I… no sirvió jamás.

Edificado para proteger el estuario de la Charente de los ataques provenientes del mar, y debido a que el alcance de los cañones de la isla de Aix y de la isla de Oléron no cubría totalmente la distancia entre estas dos islas, sólo fue finalizado cincuenta años más tarde.

En esos 50 años los progresos de la artillería lo hicieron completamente inútil.

Pequeños puertos

Sean ostrícolas, de pesca o completamente dedicados a la diversión, lo cautivarán por sus diversiones y su colorido. Cada oficina de turismo se esforzará por relatarle la vida de su puerto: medio natural, historia marítima, actividades de pesca.

No abandone la región sin haber visto La Cayenne, Saint-Martin-de-Ré, Talmont, Mortagne sur-Gironde, La Cotinière, Mornac-sur-Seudre y tantos otros.

bateaux amarrés dans le port à perte de vue

Islas

Un archipiélago de cuatro islas preservadas, cuya vegetación y sol son dignos del Mediterráneo. 

La más septentrional, como mascarón de proa con respecto a La Rochelle, es la isla de , a la cual se accede por un puente de peaje. La isla completa es un edén para las bicicletas: más de cien kilómetros de pistas balizadas entre viñedos, salinas y bosques de pino.

Petite fille

Más hacia el sur, Oléron se engalana con los toques más coloridos de sus barcos de vivos colores que van y vienen cargados de ostras al ritmo de las marejadas, delante de las cabañas de ostricultores.

Entre estas dos islas, Aix despliega su medialuna frente a la península de Fouras.
A diferencia de sus hermanas atlánticas, sólo se accede por barco: no hay vehículos que perturben la serenidad de sus callejones cubiertos de malvarrosas; a pie o en bicicleta se exploran sus bosques de pino y de encinas, sus radas puras de rocas recortadas.

En cuanto a la "benjamina", la más pequeña, la isla Madame, se accede siguiendo el curso del río Charente desde Rochefort y utilizando el "paso con bueyes" durante la marea baja.
Es un verdadero remanso de paz ofrecido a los vientos del Atlántico, donde se tiene la sensación extraordinaria de haber llegado al fin del mundo.

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